Contabilidad, Edición 42

Tienditas o Supermercados: en Busca del Bienestar del Consumidor

Por: Jorge Omar Moreno
y Paula Beatriz Morales

El 5 de abril de 2011, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón presentó una iniciativa de decreto que adiciona la Norma 29: Mejoramiento de las Condiciones de Equidad y Competitividad para el Abasto Público al Inciso 4.5.2 Normas de Ordenación Generales del apartado 4.5 Normas de Ordenación del Capítulo 4, Ordenamiento Territorial del Programa Delegacional de Desarrollo Urbano. Esta modificación queda como se presenta a continuación:

“Los establecimientos mercantiles en los que se pretenda preponderantemente la venta de artículos que conforman la canasta de productos básicos y de manera complementaria, la ropa y calzado, bajo el sistema de autoservicio, con el uso de tienda de autoservicio, supermercado, minisúper o tienda de conveniencia, sólo podrán situarse en predios cuya zonificación secundaria sea Habitacional Mixto (HM), así como en predios con frente a vías públicas en los que resulte aplicable alguna ‘norma de ordenación sobre vialidad’ que otorgue la zonificación HM indicada en el plano del Programa Delegacional de Desarrollo Urbano correspondiente. Se exceptúa de la aplicación de esta norma a los establecimientos mercantiles que tengan el uso de suelo de tienda de abarrotes o miscelánea.”

La Norma 29 fomenta los incentivos monopolísticos de las tiendas de abarrotes y misceláneas porque representa una barrera de entrada legal que privilegia al primer tipo de comercios sobre las tiendas medianas y grandes de autoservicio en aquellas comunidades donde se pretende favorecer a los pequeños comerciantes.

En principio, esta norma contradice directamente lo dispuesto en el Artículo 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, donde se prohíben los monopolios, las prácticas monopólicas, los estancos, las exenciones de impuestos y otras condiciones que fijan las leyes al otorgar poder monopólico a los pequeños comerciantes sobre otras alternativas de comercio. Adicionalmente, el cambio propuesto a la Norma 29 menciona que “se castigará severamente toda concentración o acaparamiento en unas pocas manos de artículos de consumo necesarios […] así como cualquier acuerdo para evitar la libre concurrencia o la competencia entre sí y obligar a los consumidores a pagar precios exagerados”.

La teoría de la competencia perfecta es un paradigma fundamental en el estudio de organización industrial, pues permite estudiar el grado de competitividad de un mercado y por tanto el beneficio potencial de mejorar las prácticas competitivas de ese mercado en particular. Este modelo de comportamiento de mercado se basa en cuatro supuestos básicos que se muestran en la Tabla 1.

Tabla 1. Supuestos básicos de la teoría de competencia perfecta

y su relación con la Norma 29

Existen pocos ejemplos de mercados que por sus características puedan caracterizarse como “perfectamente competitivos” en el sentido estricto del término que le confiere la teoría económica; no obstante, muchos mercados cumplen con características muy cercanas a la perfecta competitividad dado que los oferentes participantes enfrentan curvas de demanda muy elásticas1 o el control de precios por encima del costo marginal de producción es imposible por parte del productor u oferente en el mercado relevante donde operan.

El mercado de consumo al por menor, en particular en comunidades como colonias o pequeños conglomerados de vivienda, no se ajusta a las características de competencia perfecta. En particular, las tiendas de abarrotes y autoservicio aprovechan la necesidad que tienen los consumidores de los productos básicos que ofrecen, y éstos, al considerar los ahorros de tiempo en la búsqueda de alternativas y los costos de traslado, podrían estar dispuestos a pagan precios superiores que una tienda de autoservicio que se encuentre distante a su hogar.2

En este caso, las tiendas de abarrotes y misceláneas de comunidades aisladas se asemejan más bien a un vendedor monopolista de los productos básicos de que disponen, ya que si deciden subir el precio de un bien ofrecido, no tienen que preocuparse de competidores que cobren un precio más bajo en su mercado relevante. Este mercado relevante no sólo está delimitado por el tipo de bienes que ofrece, sino por la distribución de potenciales competidores en la colonia o en la cercanía del barrio donde operan.

De esta forma, la cercanía de cada tienda pequeña a la vivienda de los consumidores, y la necesidad del comprador de tener el artículo en ese momento, genera un grado de poder monopólico que se ve incrementado por la creación de lealtad a la “marca” (tienda de abarrotes cercana o mercado establecido), y como consecuencia de todo lo anterior, el vendedor establecerá un precio por encima del de la competencia que le generaría un establecimiento de mayor tamaño y con menores costos de distribución.

Los costos sociales de la existencia de un monopolio de abarrotes, ante la falta de la libre concurrencia de las tiendas de autoservicio y minisúper, derivan de los mayores precios ofrecidos por las tiendas de abarrotes pequeñas y misceláneas, y en consecuencia, en la pérdida de beneficios de los compradores así como el enriquecimiento anormal de estos establecimientos. En términos generales, hay una pérdida irrecuperable de eficiencia como consecuencia del poder del monopolio, un fenómeno conocido como el “triángulo de ineficiencia social” o “pérdida social por monopolio”.3

En contraste, en el caso particular de las tiendas de autoservicio o minisúper, en la práctica los precios son determinados por el grupo socioeconómico de sus potenciales consumidores así como por su ubicación geográfica. Esto significa que una misma línea de tiendas podría ofrecer precios diferenciados sobre un mismo bien dependiendo si una tienda sirve a un nivel socioeconómico A/B y otra a consumidores de nivel socioeconómico D+.4 Esta distribución de precios asemeja a una discriminación de precios en función de ingreso, y disponibilidad a pagar dado el estrato socioeconómico donde dichos establecimientos operan.

La Norma 29 genera incentivos a preservar precios superiores en los pequeños establecimientos protegidos; sin embargo, las consecuencias de esta disposición sobre el bienestar del consumidor no se perciben únicamente en los mayores precios que enfrentan debido a la falta de competencia, sino además, en la falta de alternativas para comprar otros bienes y realizar otros servicios.

Por ejemplo, normalmente un consumidor valora tener alternativas de un mismo bien, ya que esto le permite comparar no sólo el precio, sino también la calidad ofrecida de las distintas marcas del mismo bien (por ejemplo, leche, pan, huevos, aceite, etcétera). Ante estas alternativas, el consumidor realiza una ponderación de precio y calidad y decide cuál es su mejor opción. Esta posibilidad no es asequible en un pequeño establecimiento donde la variedad es limitada a unas cuantas marcas o incluso a una única marca para cada tipo de bien.

Asimismo, los consumidores, al valorar su tiempo y los costos de distancia que enfrentan cuando hacen su “lista de súper”, realizan compras en conjunto, es decir, surten no sólo un bien, sino una lista de bienes que necesitan. Esto es eficiente desde un punto de vista económico, ya que en un solo viaje minimiza los costos de traslado y de tiempo de los consumidores. La falta de un autoservicio mediano o grande en una comunidad elimina la posibilidad de las compras de listas de bienes, lo cual se traduce en mayores costos para los consumidores al tener que realizar múltiples viajes para adquirir los bienes que no venden los pequeños abarrotes y comerciantes protegidos por la barrera impuesta por la Norma 29.

Finalmente, los consumidores también pueden aprovechar el acceso al minisúper y tiendas grandes no sólo para comprar los bienes de consumo que requieren, sino también para aprovechar los servicios complementarios que ofrecen, como el pago de recibos de servicios (electricidad, agua, gas), el crédito de bienes durables (como refrigeradores, planchas y otros electrónicos) y otros negocios que se instala al abrir un comercio grande, como las sucursales bancarias.

Características de las tiendas de autoservicio y abarrotes

De acuerdo con Marín (2004), una tienda de autoservicio o supermercado es aquella que vende al menudeo o al por menor. Adicionalmente,. debe tener ventas anuales de más de dos millones de dólares y poseer más de 9000 metros cuadrados de piso de venta. La Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) define a estas tiendas como el sistema directo al consumidor que exhibe productos y artículos en forma abierta, clasificándolos por categorías y tipos, principalmente abarrotes, perecederos, ropa y mercancías generales. Ofrecen la mayor atención con la menor intervención del personal y un área para el pago de los clientes, con sistemas de puntos de venta a la salida.


1 La elasticidad es una medida de variación porcentual de una variable provocada por un aumento de 1% de la otra variable. Esta herramienta es útil para conocer el grado de poder de mercado que tiene una empresa al determinar su capacidad para seleccionar producción y precio dado la demanda que enfrenta.

2 Becker (1971) llama “precio total” de un bien al costo de adquisición del bien más el costo en tiempo que se dedica a buscarlo y consumirlo.

3 Esta pérdida social se eliminaría si el monopolista impusiera una discriminación perfecta de precios, cargando a cada consumidor el máximo que está dispuesto a pagar. Sin embargo, la discriminación sería una transferencia total de los beneficios del mercado relevante al comerciante monopolista.

4 En México se clasifican las personas por su nivel de ingresos y hábitos de consumo en seis categorías: el nivel socioeconómico A/B es el estrato que contiene a la población con el más alto nivel de vida e ingresos del país; en el nivel socioeconómico C+ se engloba a las personas con ingresos o nivel de vida ligeramente superior al medio; en el nivel socioeconómico C se considera a las personas con ingresos o nivel de vida medio; en el nivel socioeconómico D+ se encuentran las personas con ingresos o nivel de vida ligeramente por debajo del nivel medio; el nivel socioeconómico D, está compuesto por personas con un nivel de vida austero y bajos ingresos, y el nivel socioeconómico E se compone de la gente con los menores ingresos y el nivel de vida más bajo de todo el país.

Gómez y Setién (2001) afirman que los consumidores mexicanos tienen varias opciones para adquirir casi cualquier tipo de producto, ya que existen diferentes formatos de tiendas donde hay una gran gama de productos. De acuerdo con estos autores, las ventajas de las tiendas de autoservicio con respecto a las tiendas de abarrotes y misceláneas son las siguientes: al surtirse directamente con los productores, eliminan eslabones de la cadena de distribución, por lo que tienen menores costos; tienen mayor poder de negociación con los proveedores, y en consecuencia consiguen mejores descuentos y formas de pago más favorables; alcanzan economías de escala, con lo cual reducen sus costos de operación; utilizan tecnologías más avanzadas, como sistemas de cómputo, lectores ópticos de código de barras y registros de punto de venta. Todo esto hace más eficiente su operación y servicio al cliente.

Asimismo, el segmento de autoservicios, al manejar mayores volúmenes, ofrece precios más atractivos. En términos generales, los supermercados y tiendas de autoservicio tienen márgenes brutos que oscilan entre el 20 y 22%; en contraste, los abarrotes y misceláneas obtienen márgenes brutos de hasta un cuarenta por ciento.

Otro beneficio muy importante que tienen las tiendas de autoservicio y los minisúper es la mayor cantidad y variedad de bienes y servicios (pago de impuestos y derechos, obtención de tiempo aire para el teléfono celular, retiro de efectivo, etc.). Existe una gran gama de marcas y extensión de líneas, y para pagar se aceptan tarjetas de crédito y vales de despensa. Además, algunas tiendas de autoservicio ofrecen la posibilidad del comercio electrónico y entrega a domicilio, así como ventas por teléfono.

Según la información proporcionada por la ANTAD, en la Gráfica 1 se muestran los patrones de compra en la Ciudad de México. No obstante que la mayor proporción se realiza en tiendas de autoservicio, esta situación va de la mano con la clase social, ya que más del 80% de los miembros de los niveles socioeconómicos A/B y C efectúan sus adquisiciones en supermercados, mientras que las personas de clases socioeconómicas más bajas compran en mercados y tiendas de abarrotes.

Gráfica 1. Patrones de compra de los consumidores

Por otro lado, según cifras de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), el gasto semanal promedio por hogar es de 612.96 pesos en alimentos, bebidas y tabaco. De conformidad con la ANTAD, el comprador típico visita aproximadamente 2.3 establecimientos cada semana y compra alimentos 5.6 veces en una semana para completar sus adquisiciones. También resulta importante destacar que únicamente el 16% de los compradores de supermercados cambian de establecimiento. De ese porcentaje:

  • El 51% lo hace con el objeto de conseguir mejores precios
  • El 30% lo hace porque el otro establecimiento está mejor ubicado
  • El resto lo hace por razones de variedad o selección

Los resultados anteriores muestran que los consumidores efectivamente valoran en sus decisiones el precio, la calidad y las alternativas de los bienes de consumo que deciden comprar. De esta forma, la Norma 29, al representar una barrera legal de entrada a los comercios medianos y grandes a las zonas habitacionales mixtas, beneficia a los pequeños comerciantes de abarrotes, pero representa un alto costo para los consumidores al verse mermadas sus alternativas y posibilidades de adquirir bienes y servicios a un precio menor.

Bibliografía

Becker, G. S. (1971). Economic Theory. Alfred A. Knopf.

Gómez, V. y Setién, N. (2001). “Tiendas de autoservicios y tradicionales en México”. Tesina. Instituto Tecnológico Autónomo de México. México.

Lassala, R. (2008). “Modelo de análisis cuantitativo para oligopolios”. Tesis. Instituto Tecnológico Autónomo de México. México.

Marín, J. (2004). “Conducta de las empresas en los oligopolios: Tiendas de Autoservicio en México”. Tesis. Instituto Tecnológico Autónomo de México. México.

Nash, J. (1951). Non-Cooperative Games. The Annals of Mathematics, Second Series, vol. 54, núm. 2 (septiembre de 1951), pp. 286-295.

Pindyck, R. y Rubinfield, D. (1998). Microeconomía, 4a. ed. Prentice Hall.

Tirole, J. (1988). The Theory of Industrial Organization. The MIT Press. Cambridge, Massachusetts, y Londres,

Páginas de internet

Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, A.C.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/2/641/6.pdf f.

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/index.htm.

Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares.

http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/Proyectos/Encuestas/Hogares/regulares/Enigh/Enigh2010/ncv/default.aspx.

Gaceta Oficial del Distrito Federal. 20 de Mayo de 2011.

http://www.paot.org.mx/centro/leyes/df/pdf/GODF/GODF_20_05_2011.pdf.

Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática. Consultada el 4 de abril de 2012. http://www.inegi.org.mx/.

Procuraduría Federal del consumidor. Consultada el 26 de marzo de 2012 y el 4 de abril de 2012. http://www.economia.gob.mx/economia-para-todos-rss?start=14.

Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del Distrito Federal. Consultada el 26 de marzo de 2012. http://www.seduvi.df.gob.mx/portal/images/stories/pdf/articulo14/fraccioni/Manual_Administrativo_2012.pdf.

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