Desarrollo Empresarial, Edición 59

Innovación, emprendimiento y desarrollo económico: Un caso de estudio en el sector salud

Por: Mara Martínez

A lo largo de la historia económica se ha demostrado la relación intrínseca entre la innovación y el desarrollo económico, razón por la cual este argumento se ha utilizado para justificar el adelanto o el rezago de varias naciones.

“La innovación no tiene nada que ver con cuántos dólares has invertido en investigación y desarrollo. Cuando Apple apareció con la Mac, IBM gastaba al menos 100 veces más en ese rubro. No es un tema de cantidades, sino de la gente con la que cuentas, cómo la guías y cuánto obtienes”
—Steve Jobs

A lo largo de la historia económica se ha demostrado la relación intrínseca entre la innovación y el desarrollo económico, razón por la cual este argumento se ha utilizado para justificar el adelanto o el rezago de varias naciones. La evolución del término “innovación” ha pasado de ser la introducción pequeña de cambios en los procesos productivos hasta ser una herramienta para la codificación de nuevos conocimientos. En la era de las telecomunicaciones y de internet, esto representa una gran oportunidad para todos; por un lado, para los países desarrollados implica una congruencia con su modelo actual de generación de conocimiento y, por el otro, para los países en vías de desarrollo significa una oportunidad de aprovechar la innovación para crecer. A pesar de esta gran oportunidad, México es de los países que menos invierte en innovación: se destina tan solo el 0.57% del PIB a la innovación en sectores como salud, de modo que estos rubros están cada vez más rezagados (CONACYT, 2016).

En este artículo se presentará la situación del sector de salud de México y se demostrará la urgencia de destinar mayores fondos a la sectorización de la innovación. La propuesta se ilustrará analizando la siguiente afirmación plasmada en el último informe de la OCDE (2016), Estudios de la OCDE sobre los sistemas de salud: México: “Todos los principales actores involucrados están de acuerdo en que México necesita construir un sistema de salud más equitativo, eficiente y sostenible”. La exposición cubre tres secciones: en primer lugar, se hablará sobre la innovación sectorial como vehículo de desarrollo económico y posicionamiento regional estratégico; en segundo lugar, se presentarán los elementos que justifican el rezago actual observado en el sector, desde la gran fragmentación del sistema hasta la baja calidad en la oferta de proveedores de salud; finalmente, se propondrá la integración de los emprendedores en un ambiente de experimentación que tienda puentes entre el sector público y privado, con la finalidad de agilizar la difusión de la innovación a sectores como salud, que tanto necesitan un cambio sostenido.

Durante la última década se ha experimentado una revolución muy dinámica en el sector de tecnologías de la información, lo cual ha facilitado la interconectividad entre sectores, como el agrícola, militar, médico o inclusive el aeroespacial. Este propulsor del crecimiento económico no ha sido una consecuencia aislada, sino un resultado del efecto de la modernización y la innovación como vehículo de desarrollo para una era cada vez más globalizada. No obstante, el concepto de modernización en regiones como América Latina ha tenido resultados muy diferentes, si lo comparamos con el proyecto de construcción europeo o el estadounidense. Vivimos en un mundo dispar. En el mundo, 20% de la población gana 86% de los ingresos totales; el 20% más pobre se conforma con 1.1%; los países desarrollados consumen el 70% de la energía disponible del planeta, el 75% de los metales y el 60% de los alimentos (Gestiopolis, 2013, s.p). Este esquema se vuelve alarmante si analizamos países con realidades disímiles dentro de una misma región, como Estados Unidos y México.

La innovación nacional es un fenómeno complejo que solía ser medido en función de la sola inyección de recursos a investigación y desarrollo y el número de personal de investigación (OCDE, 1996). En la década de 1990, era considerado un marco teórico útil, hasta que la dificultad de medir la innovación general de la economía se hizo cada vez más evidente. La complejidad de su medición se basaba en un mayor número de acciones coordinadas entre varios agentes económicos y sociales, tanto públicos como privados, lo cual provocó un cambio sustancial en la forma de conceptuarla. Actualmente, la innovación de un país se concibe de forma diferente, ya que su difusión depende de su institucionalización efectiva. Hoy la innovación nacional se concibe como un herramienta de política interna para lograr un posicionamiento regional, de tal manera que dentro del sistema nacional se articulen diferentes agentes; por ejemplo, organismos e instituciones gubernamentales, universidades, empresas, sectores productivos, centros de investigación, institutos tecnológicos, centros de capacitación, organizaciones intermedias de apoyo a la actividad empresarial y el sistema financiero (Dutrénit, 2010).

En el caso mexicano, la constitución de un Sistema Nacional de Innovación ha sido tardía. Históricamente, la valoración social de las actividades de ciencia y tecnología e innovación ha sido baja, y a pesar de los esfuerzos recientes como el Programa Especial en Ciencia, Tecnología e Innovación ⎯para el periodo 2007-2012⎯, es evidente que hay una fragmentación en las interacciones de los agentes públicos y privados. De una revisión bibliográfica se concluyen tres puntos fundamentales: en primer lugar, es importante lograr una mayor vinculación entre el sector público y las instituciones intermediarias y financieras propias del sector privado; en segundo lugar, se requiere diseñar mejores mecanismos para transferir los conocimientos generados en los proyectos al usuario final; tercero, es necesario sectorizar la innovación con demandas específicas, por ejemplo, mediante convocatorias detalladas se puede enfocar el talento emprendedor en lo que el país verdaderamente requiere.

Frente a una inversión del 0.57% del PIB destinado a la innovación en sectores como salud y la inversión general en el sector equivalente al 10% del PIB, es claro que hay una discrepancia (AMIIF, 2015, p. 3), no solo porque el presupuesto destinado a salud rebasa el 9.1% del PIB recomendado por la OCDE, sino por la simple razón de que el retorno de inversión en innovación es mínimo. Ahora bien, o estamos considerando fondos destinados a investigación truncada o hay que volver a reflexionar en el destino de los recursos.

El sistema de salud mexicano prevalece fragmentado. Uno de los retos más importantes es que la atención al público se proporciona a través de un conglomerado de subsistemas desarticulados. Cada subsistema ofrece diferentes niveles de atención a precios distintos y con diferentes resultados, de tal manera que cada uno cuenta con su propia red de clínicas, médicos especializados, hospitales, farmacias, centros de tratamiento y sindicatos. Por ejemplo, empresas paraestatales como Petróleos Mexicanos y entidades gubernamentales como la Secretaría de Defensa y Marina y la Secretaría Marina-Armada de México cuentan con sus propias instancias de servicios de salud. El enfoque y las estrategias de las instituciones mencionadas varían, y a pesar de que la complejidad del sistema hace que aparezca como sólido, hasta hace pocos meses no era posible acceder a los servicios entre instituciones. Además del problema de la fragmentación, según la OCDE México enfrenta un reto general debido a la falta de un sistema de cuidado de largo plazo que atienda a una pirámide poblacional invertida, además de lidiar con la baja productividad de los profesionales de la salud, que impide una mayor eficacia de los resultados.

Estas ineficiencias exigen una reforma: en primer lugar, se requiere una atención de calidad centrada en la persona; en segundo lugar, sin importar el empleo o estatus social, los mexicanos deben de tener claridad en el acceso a paquetes de beneficios de salud; en tercer lugar, se necesita unificar el enfoque fragmentado de financiamiento de la salud; finalmente, se debe incluir dentro de los requerimientos de reforma la evaluación del desempeño de los servicios médicos en relación con la calidad y la eficiencia (OCDE, 2016, pp-1-10). Los requerimientos anteriores apuntan a una necesidad profunda de cambio, el cual no puede venir exclusivamente del sector gubernamental, pues la transformación del sistema de salud mexicano depende de varios actores. Es necesario revertir esta situación y crear mayores vínculos para sectorizar la innovación, sobre todo en materia de salud. Lo anterior, potencializado por vínculos entre academia, sector privado, organismos de coordinación y emprendedores. Si bien puede resultar tardado, pueden darse las primeras acciones de acercamiento y vinculación a través de los mismos innovadores que atiendan las demandas específicas.

Es sabido que Joseph Schumpeter (1942) destaca el papel del emprendedor como agente de innovación que pone en práctica nuevas combinaciones de fuerzas productivas y materiales, ya sea la introducción de un nuevo bien, un nuevo producto, la apertura de un nuevo mercado, una nueva fuente de materias primas o la creación de una nueva organización dentro de cualquier industria. Entonces, la actividad consiste en el empleo de los recursos existentes de una forma distinta. El caso del emprendedor mexicano no ha sido la excepción; en el Reporte Global de Emprendedores Amway 2014 (AGER) se reveló que el emprendimiento es muy valorado en todo el mundo, siendo China (83%) y México (82%) los dos países que ocupan los primeros lugares. Específicamente, el comercio electrónico se lleva la popularidad entre el emprendedor mexicano promedio; sin embargo, en los últimos cinco años la aplicación de la informática y el uso de materiales de bajo costo han sido el impulsor de mayores emprendimientos en salud.

De acuerdo con el análisis de portafolios de varios fondos de capital de riesgo, se han identificado alrededor de mil emprendimientos en salud, desde los enfocados en la detección temprana de enfermedades crónicas o servicios oftalmológicos para la base de la pirámide, hasta servicios de acompañamiento y transporte para la tercera edad. Más que nunca, la colaboración en el emprendimiento ha sido fundamental en este sector, dada la complejidad del sistema en el que se opera. Lo anterior, junto con los deseos de irrumpir con nuevas propuestas para la población, han promovido un laboratorio de experimentación con alianzas cruzadas y dinámicas que tienen el potencial de tender nuevos puentes de difusión que den los pasos iniciales para sectorizar la innovación.

Para demostrar lo anterior, a continuación se presentará el siguiente emprendimiento como caso de estudio: Servicios de Atención para Adultos Mayores, Emma, S.A.P.I. de C.V., que en adelante se denominará “Emma”.

Emma nació en el verano de 2015 en un concurso universitario convocado por el Centro de Creatividad, Innovación y Emprendimiento del ITAM (EPIC Lab) y el Centro de Emprendimiento del MIT, el Martin Trust Center for MIT Entrepreneurship. Este emprendimiento estudiantil se enfocó en crear un nuevo mercado en México: el de acompañamiento no médico para la tercera edad. La idea rectora consistió en generar un servicio de alto valor agregado que promoviera un envejecimiento autosuficiente para el adulto mayor que quería envejecer en casa, con un enfoque en combatir el aislamiento social de la tercera edad y la falta de profesionalización de los cuidados no médicos.

El problema atendido era claro: en pocos años, la inversión de la pirámide poblacional ocasionaría un crecimiento demográfico de los once millones de adultos mayores señalados en el último censo, a más de treinta millones en veinte años (INEGI, 2016). En un contexto de transición demográfica, el riesgo de que se presenten síntomas tempranos de demencias y depresión se multiplicarían por cinco en los adultos mayores socialmente aislados. Aunado a lo anterior, la falta de un sistema formal de cuidados de largo plazo, más la focalización de los recursos de tan solo el 6.2% del PIB para el cuidado de los adultos mayores y un problema de pensiones, hacían que el pronóstico del sistema de salud mexicano para los próximos años no fuera favorable.

Emma se creó sobre los fundamentos de las investigaciones anteriores y el deseo de innovar para un sector que por años había permanecido relegado. Así, se constituyó una empresa mexicana que provee servicios de acompañamiento y asistencia de transporte para personas de la tercera edad. Mediante una plataforma digital, los familiares de los adultos mayores seleccionan una acompañante afín a sus seres queridos, así como un plan individual con actividades que se traducen en bienestar, aprendizaje y activación de intereses como, por ejemplo, desde recuperar el gusto por el ajedrez o las cartas hasta aprender a usar un iPad. De esta manera se presta un servicio trilateral: al familiar, al adulto mayor y a las acompañantes ⎯llamadas las “Emmas”⎯ con gran calidez humana y con vigilancia en internet.

Con un equipo fundador pequeño, una administradora, una ingeniera y un médico, un equipo de desarrollo de red formado por otros cinco jóvenes emprendedores, un equipo de Emmas, un consejo de mentores y más de quinientas horas de acompañamiento vendidas en el primer piloto, se afianzó un equipo operativo con funciones bien establecidas y manuales de procesos. A la cabeza se encuentran una directora general (a cargo de estrategia, ventas —B2C y B2B—, dirección de contenido, generación de alianzas), directora operativa (a cargo de contabilidad y finanzas, marco legal, recursos humanos y diseño) y director en calidad (supervisión médica, evaluación del desempeño de las Emmas, gestión de metodología de acompañamiento y alianzas médicas).

Emma se basó en la economía de mercado, como Uber o Airbnb, que cuentan con capacidad de autorregulación y precios dinámicos, perfil en colaboradores y servicios de primera calidad. La plataforma retiene el 25% de comisión y libera el resto (75%) para la Emma por su servicio, lo que incorpora a las acompañantes como colaboradoras independientes en un esquema legal y fiscal flexible que les permite entrar y salir cuando lo deseen. Por tal razón, Emma logra reclutar a los mejores perfiles de acompañantes, lo que asegura calidad y seguridad mediante un proceso de selección riguroso.

La innovación y el apalancamiento en la informática permitieron crear un proyecto de emprendimiento escalable y con gran potencial de impacto social. En los últimos meses, Emma ha colaborado estrechamente con el Instituto Nacional de Geriatría (INGER) y empresas líderes en su industria, con la finalidad de realizar pilotajes experimentales que favorezcan los esquemas de sinergias. Aunque todavía queda mucho por hacer, la visión de empresa de Emma es llegar a más personas y beneficiar a quienes realmente lo necesitan, con la aspiración de ocupar un lugar crucial en el sistema de salud mexicano, en concreto, el de los cuidados de largo plazo para el adulto mayor.

En conclusión, hay un gran margen de maniobra para la innovación en el sector salud. Si bien la idea de innovación puede entenderse equivocadamente como descubrimientos científicos, invenciones o creación exclusiva de hardware, el espacio para la optimización de la información es inmenso. Emma es un claro ejemplo de la combinación de desarrollo de software y el trabajo de un personal de acompañamiento sumamente calificado. Sin embargo, la implantación de la innovación no viene sola, sino que debe ser impulsada por un órgano nacional que priorice necesidades por sector, de forma que emprender, como instrumento para captar oportunidades, cree soluciones. El Sistema Nacional de Innovación debe pasar de ser un aparato no coordinado a ser un facilitador para convertirse en un órgano ejecutor de la política de innovación. El paradigma nacional debe buscar el mejoramiento de cada componente social para que alcance la mayor eficiencia, productividad, eficacia y, sobre todo, oportunidades laborales que inspiren a los demás. En mi caso, como cofundadora de Emma, mi motivación está en saber que “invertir en salud equivale a hacerlo en todas las áreas del desarrollo para un México más justo, equitativo y sostenible”.

BIBLIOGRAFÍA

  • Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF) (2015), <http://funsalud.org.mx/portal/wp-content/uploads/2016/02/memorias-AMIFF-FUNSALUD.pdf>, consultado el 5 de diciembre de 2016>
  • CONACYT (2015), “Recibirá ciencia, tecnología e innovación inversión de 91 mil 650 mdp del gobierno federal”, México, comunicado de prensa, en <http://conacyt.gob.mx/index.php/comunicacion/comunicados-prensa/566-recibira-ciencia-tecnologia-e-innovacion-inversion-de-91-mil-650-mdp-del-gobierno-federal-conacyt>, consultado el 5 de diciembre de 2016.
  • Dutrénit, Gabriela et al. (2010), El Sistema Nacional de Innovación mexicano: instituciones, políticas, desempeño y desafíos, México, UAM, 1a. ed., 2010.
  • Garita Roberto (2013). Teoría económica del comercio internacional, en <http://www.gestiopolis.com/teoria-economica-del-comercio-internacional/>, consultado el 29 de noviembre de 2013.
  • OCDE (1996), “Sectorial Cases of Innovation”, en <http://www.oecd.org/sti/inno/sectoralcasestudiesininnovation.htm>, consultado el 20 de noviembre de 2016.
  • OCDE (2016), “Estudios de la OCDE sobre los sistemas de salud: México”, pp.1-10, 20-35.

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