Edición 58, Finanzas

El ahorro en México

Por: Roberto Cano
Ex alumno Economía, ITAM

Una pregunta frecuente es por qué la gran mayoría de los individuos que tienen acceso al sistema financiero mexicano canalizan su ahorro a instrumentos o vehículos de muy corto plazo que son poco rentables en el largo plazo. Si bien existe el hábito de acumular el dinero, no se opta por vehículos que permitan alcanzar mejor los objetivos de mediano o largo plazo.

Para Rudiger Dornbusch, en la teoría moderna del consumo, ingreso y ahorro, este último cumple un papel decisivo en la hipótesis del ciclo de la vida, puesto que los individuos planean su consumo y ahorro para periodos prolongados, con la intención de distribuir su consumo a lo largo de su vida.1 La teoría del ciclo de vida relaciona los hábitos de consumo y ahorro según consideraciones demográficas, en particular, la edad de la población. Los individuos acumulan ahorros durante la etapa laboral y luego, cuando sus capacidades de obtener ingreso comienzan a descender, inician la etapa de “desahorro” o “desacumulación”, en la que gastan más de lo que ganan y tienen que usar sus ahorros.

Por otro lado, los individuos son impacientes y prefieren gastar antes que ahorrar para el futuro. En estas condiciones, deben fijarse una meta sobre el nivel de riqueza deseado. El economista Christopher Carroll establece que la meta o nivel de riqueza es el punto en que la impaciencia se equilibra con la motivación para ahorrar como precaución. Si la riqueza está debajo de la meta, la motivación para el ahorro precautorio será mayor; si la riqueza es mayor que la meta, la impaciencia es más fuerte y el individuo “desahorra”.2 Dornbusch también señala que las tasas de interés o la rentabilidad del ahorro cumplen un papel fundamental en los llamados efectos de sustitución, de lo que se desprende que como unas tasas de interés más altas hacen más atractivo el consumo futuro, se termina por generar un incremento permanente en el ingreso y estimular el consumo.3

Si proyectamos esto al ahorrador mexicano, vemos que destinar los recursos disponibles a vehículos más rentables y eficientes le representaría un mayor bienestar en el futuro, además de que en el presente las cantidades que ahorre podrían ser menores.

La teoría del crecimiento endógeno, al incorporar la variable del ahorro a la teoría neoclásica, destaca varias oportunidades de crecimiento del capital físico y de conocimiento. La idea de aumentar la inversión en conocimiento es clave para vincular tasas de ahorro más elevadas a mayores tasas de crecimiento. En este modelo, el ahorro se destina a incrementar las reservas de capital suponiendo que el crecimiento demográfico es constante y que el capital no se deprecia; por lo tanto, cuanto mayor sea la tasa de ahorro, mayor será la tasa de crecimiento de la producción y el ingreso per cápita, es decir, el bienestar económico de cada uno de los individuos del sistema económico.

El ahorro voluntario de los individuos está concentrado en el sistema financiero, principalmente en los vehículos tradicionales bancarios, con tasas de interés que no generan un interés real, esto es, que no superan los niveles de inflación. Ahora bien, la penetración de las sociedades de inversión o fondos de inversión se ha acrecentado notablemente en los últimos años. Estos productos tienen una concentración alta en fondos de renta fija o deuda de muy corto plazo con exigibilidad inmediata, a niveles que alcanzan el 70% del total de los fondos de inversión.

¿Por qué no está más diversificado este ahorro en los productos de largo plazo? Pareciera una conducta irracional si se comparan los resultados de haber invertido en un fondo de inversión que mezcla distintas alternativas entre renta fija y renta variable; sin embargo, es prematuro sacar esta conclusión, pues los factores que motivan este comportamiento son muy diversos, desde la falta de conocimiento o cultura financiera, hasta la percepción de riesgos, desconfianza o temor de regresar a ciclos de crisis económicas, que aunque hayan sucedido hace varios años persisten en la memoria de los individuos. Los individuos toman sus decisiones con base en la información disponible, y parece ser que una gran tarea pendiente es el fomento de la cultura financiera, que no es solo responsabilidad del consumidor de productos financieros, sino también de los participantes del mercado y de las autoridades. Entre los participantes en el mercado, a las entidades que prestan todos estos servicios les falta explicar con claridad y sencillez los beneficios de los fondos de inversión en otra clase de activos o de largo plazo, lo que demuestra que no han profundizado en el conocimiento de los clientes. En cuanto a las autoridades, deben encaminar sus esfuerzos a estimular las campañas de cultura financiera y los esquemas de formación en lo más básico, lo que implica incluir estos temas en los programas educativos oficiales.

Durante los últimos años, el país ha avanzado en la convergencia de los principales factores macroeconómicos y se comprueba que quien tomó una decisión de largo plazo obtuvo rentabilidades superiores a los productos tradicionales.

En México, los indicadores del ahorro financiero como porcentaje del pib muestran una evolución positiva, aunque todavía lejos de economías similares. El ahorro obligatorio canalizado a las siefores que administran las afores representa cerca del 14% del pib, mientras que el ahorro voluntario destinado a fondos de inversión o sociedades de inversión suma casi el 12% del mismo indicador.

Para entender el fenómeno del ahorro en vehículos ineficientes en términos reales y cómo contribuye a la generación de riqueza de hogares e individuos, vayamos a la teoría macroeconómica.4

El valor del ahorro financiero canalizado a través del sistema financiero mexicano se puede definir como el saldo de los activos financieros y de los valores en manos de personas físicas y morales (tanto residentes como extranjeros) que son intermediados por entidades financieras reguladas en México, para ser dirigidos, en forma de financiamiento, al sector privado, al sector público o al sector externo. El ahorro financiero total se define como la suma del ahorro financiero interno y del ahorro financiero externo; este último incluye los valores emitidos en México que están en manos de no residentes, el crédito proveniente del exterior recibido por los sectores público y privado nacionales, y los valores emitidos por dichos sectores en mercados externos.

El sistema financiero mexicano ha pasado por una serie de cambios durante los últimos quince años, que junto con los cambios de orden macroeconómico han establecido las bases para generar vehículos y fuentes de ahorro que constituyan a largo plazo una base sólida de financiamiento para las necesidades de los distintos sectores de la economía y que eleven las condiciones de bienestar de los individuos. De acuerdo con los últimos indicadores, la evolución del ahorro financiero ha sido favorable. En esta tendencia destacan los vehículos denominados siefores, de aportación obligatoria, y las sociedades o fondos de inversión, que comercializan distintas entidades del mercado. La tasa de crecimiento compuesta en términos reales de estos dos vehículos es del 16% y el 15%, de modo que son los instrumentos de mayor crecimiento de la última década. En 2000, estos vehículos representaban apenas el 2% del ahorro financiero total y ahora se encuentran en el 14% y el 12%, respectivamente.

Si bien en comparación con otros países la tasa de penetración del ahorro financiero respecto del pib es más baja (Brasil, 78%, Chile, 94%), este indicador ha se ha incrementado en los últimos años. Entre los factores que han propiciado esta mejoría se encuentran los cambios macroeconómicos, estructurales y de políticas públicas, como los siguientes:

  1. Convergencia macroeconómica
    • Convergencia hacia la meta inflacionaria establecida por el Banco de México
    • Estabilidad de las tasas de interés nominales
    • Estabilidad cambiaria
  2. Afores
  3. Sociedades de inversión (2001)

La convergencia macroeconómica está fundamentada en tres grandes variables estrechamente relacionadas: el nivel de inflación, las tasas de interés y el tipo de cambio, lo que ha traído estabilidad a la población. Sin embargo, por otro lado este cambio ha sido rápido y una gran parte de la población no ha modificado sus hábitos de ahorro. En décadas anteriores, sobre todo las de 1970, 1980 y 1990, la mayoría de los individuos que participaban en el sistema financiero destinaban sus ahorros a los vehículos tradicionales bancarios, todos de muy corto plazo, dadas las circunstancias económicas del país. En otras palabras, la misma fragilidad del sistema no permitía abrir un horizonte de mayor plazo. No obstante, aunque la economía se estabilizó después de la crisis de 1994-1995, los individuos sigue destinando sus recursos a inversiones de corto plazo y con disponibilidad inmediata o de alta liquidez.

La estructura de las tasas de interés sirve de referencia para señalar este cambio radical de sus condiciones y niveles en los últimos diez o doce años, pues a finales de la década de 1990 la tasa más larga del sistema se colocaba en cetes de un año. En los años siguientes a 2000 se produjo una baja importante de las tasas de referencia y de la inflación, lo que propició una oferta de valores gubernamentales de plazos de tres, cinco, diez, veinte y treinta años, que tuvo el efecto de ensanchar el mercado de instrumentos de deuda generada por la demanda del naciente sistema privado de pensiones y por el surgimiento y la masificación del ahorro voluntario mediante vehículos como los fondos de inversión.

Los cambios a la Ley de Sociedades de Inversión aprobados en 2001 han servido para modernizar y adecuar estos vehículos, que tienen ventajas respecto a otras alternativas como captadores del ahorro voluntario. Así, hemos visto que incluso surgen nuevas figuras en la distribución y los servicios al público ahorrador. Además de la transparencia y claridad, uno de los cambios más importantes de la ley es la generación de nuevos productos (distintas clases o series accionarias en cada fondo) y la nueva posibilidad de adquirir otros tipos de valores o activos, como en los mercados internacionales.

El avance ha sido importante y profundo, y se han sentado las bases para que vehículos de ahorro distintos de los medios bancarios tradicionales se establezcan como parte de las alternativas. Sin embargo, quedan tareas pendientes que deben formar parte de programas gubernamentales que fomenten el desarrollo de estos instrumentos de largo plazo para que hogares e individuos generen riqueza en términos reales. Entre los factores por considerar se encuentran los siguientes:

Educación y difusión financiera

Los beneficios deben ser parte de programas frecuentes y masivos de comunicación del gobierno en su carácter de regulador de las entidades financieras que atienden el mercado mexicano. Los participantes deben asumir su responsabilidad de ampliar la cobertura de la oferta de productos según las necesidades del mercado. Parece ser que esta oferta se dirige solo a ciertos segmentos y ciertos intereses. ¿Cuántas veces hemos visto una campaña publicitaria dirigida al ahorro de largo plazo y sus beneficios?

Beneficios fiscales de largo plazo

Una tarea pendiente en política económica es el otorgamiento de beneficios fiscales claros y con certeza jurídica de largo plazo. Por ejemplo, la solución al problema de la escasa base tributaria de la economía mexicana podría articularse con un programa que propicie el ahorro de largo plazo.

NOTAS A PIE
1 Rudiger Dornbusch, Stanley Fischer y Richard Startz, Macroeconomía, México, McGraw-Hill, 10a ed., 2009, p. 321.

2  Ibíd., p. 329.

3  Ibíd., pp. 78-84.

4 Robert J. Barro, Macroeconomics, Hoboken, John Wiley & Sons, 1984, pp. 151-173.

BIBLIOGRAFÍA

Dornbusch, Rudiger, Stanley Fischer y Richard Startz, Macroeconomía, México, McGraw-Hill, 10a. ed., 2009.

Barro, Robert J., Macroeconomics, Hoboken, John Wiley & Sons, 1984.

“Ahorro financiero y su intermediación en México 2000-2010”, Notas Técnicas de la CNBV (NT/01/2010), Dirección General de Estudios Económicos-CNBV.

“Información estadística del mercado de sociedades de inversión”, Series AMIB (Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles), consultado en www.amib.com.mx

“Información estadística”, Carpeta de Sociedades de Inversión CNBV-Portafolio de Información, consultado en www.cnbv.gob.mx

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