Desarrollo Empresarial, Edición 50

Café Punta del Cielo: La Historia de un Emprendedor

Por: Claudia González, Luis Arciniega y Daniela Ruiz
Instituto Tecnológico Autónomo de México

Pablo González Cid, fundador de Café Punta del Cielo, descubrió su espíritu emprendedor cuando era un joven universitario y trabajaba como mensajero en una casa de bolsa. Se dio cuenta de que, para ser director, necesitaría trabajar muchos años y ascender un número casi infinito de posiciones, y de que, a final de cuentas, a lo mejor no llegaría nunca a tan anhelada posición.

Su espíritu emprendedor se vio aún más motivado cuando, a esa edad, se quedó sin coche por haberlo chocado. Fue entonces que decidió abrir su primer negocio: una comercializadora de pescado para restaurantes. Su trabajo arduo le permitió conocer a grandes restauranteros, que solicitaban cada vez más sus servicios, y así pudo hacer crecer el negocio. Pero había algo que no le acababa de convencer por completo: el olor del pescado.

En esa época su familia había traído a México la franquicia de Gloria Jeans, y, con cada visita a las cafeterías, su pasión por el café aumentaba. Fue así que se puso a estudiar y a analizar qué era lo que hacía que una taza de café supiera muy bien.

Comparó calidades de granos, técnicas de sembrado y cosecha, climas y regiones favorables, formas de tostado, y hasta formas de preparación. Su entusiasmo y conocimientos con respecto al café fueron tales que se puso a documentar sus hallazgos, y hasta terminó escribiendo un libro sobre ese tema.En busca de la mejor taza de café.

Cuanto más conocía del café, más se preguntaba por qué México no tenía una marca de ese café, como la tenían Colombia o Italia. Si México es el sexto productor de café, y el primero de café orgánico del mundo, ¿por qué al café mexicano se le relaciona con un México rural y pobre?, ¿por qué el consumo per cápita de café es tan bajo?, y ¿por qué no somos conocidos por el buen café? Fue entonces que se dio a la tarea de crear la identidad de un café mexicano, de la más alta calidad y con un toque elegante y moderno.

Con esa visión en mente, Pablo se puso a buscar dónde se sembraba y cosechaba café de gran calidad en nuestro país. Estaba convencido de que había que pagar bien por buenos granos de café, y eso motivó a los productores. Ya con una materia prima de la mejor calidad, se preocupó por tostarlo y empacarlo él mismo. El tostado no representó mayor desafío. No así el empacado. Pablo quería capturar el aroma del café que lo había conquistado. Y justamente con ese reto surgió su espíritu de emprendedor tecnológico. Se puso a trabajar todos sus ratos libres y fines de semana en crear un empaque que encerrara el sabor y el aroma del café, de tal forma que al prepararlo las personas disfrutaran la “mejor” taza de café. Después de cinco años de intentos y de algunas explosiones, finalmente capturó el aroma en latas de café con una válvula, que evita que la presión del aroma las haga explotar; de esta forma, el cliente puede despresurizar el recipiente antes de abrirlo, y enamorarse del café que va a disfrutar. Esta primera innovación le dio a Pablo su primera patente.

Pero el desafío de la “mejor” taza de café no estaba resuelto. Preparar un buen espresso requiere de un molido fino de los granos y de una cantidad exacta de café, entre otras cosas. Fue entonces que se le ocurrió crear unos pods que tuvieran un buen molido y la porción precisa para prepararlo.

La primera cafetería

Con esas innovaciones probadas, Pablo debía tener un espacio apropiado donde compartir con otros su gusto por el café mexicano. Fue en 2004 cuando se abrió la primera cafetería Café Punta del Cielo, en la esquina de Arquímedes y Presidente Masarik. Por supuesto que en la tienda también se reflejaba el tono moderno y contemporáneo que caracterizaba a su producto. La ubicación no podía ser mejor, y eso también fue producto del ahínco del emprendedor. Esa esquina había estado abandonada por varios años, debido a problemas legales. Pablo sabía que era importante empezar con el pie derecho, y eso significaba tener una buena localización, que fuera visible, en una zona transitada y comercial, pero la escasez de recursos limitaba sus opciones. Fue entonces que se empeñó en obtener ese lugar la ubicación era ideal y, por los litigios que enfrentaba, era muy económico, en comparación con el resto de la zona. En cuatro meses lo arregló, lo adaptó, y muy pronto todos los que visitaban Polanco podían ver la nueva cafetería Café Punta del Cielo.

Esa cafetería le permitió acercarse al mercado, y que los consumidores probaran toda la línea de bebidas y productos innovadores. Ahí surgieron nuevos retos. En esa época había un boom por el capuchino frío, pero el café cien por ciento natural corta la leche. Pablo nuevamente se puso a experimentar para desarrollar un producto en el que no tuviera que utilizar saborizantes ni utilizar café de menor calidad. Después de muchos intentos encontró la fórmula, y pudo poner a la venta el capuchino en lata. Luego surgieron otras innovaciones en diversas bebidas y artículos relacionados con el café. Se desarrollaron pastillas a base de café cien por ciento natural, chocolates con café, y bebidas diversas a base de espresso.

Pablo se había propuesto lograr un sueño y no descansaría hasta verlo hecho realidad.El estilo propio de la cafetería había pasado la prueba, y poco a poco había cada vez más clientes y se empezaba a construir un sentimiento de lealtad. Pero Pablo no se veía administrando una cafetería toda la vida. Al contrario, él sabía que lo suyo no era la administración sino la innovación. Se planteó nuevas metas y se puso a trabajar para alcanzarlas.

Planeando y administrando el crecimiento

Pablo quería posicionar a Café Punta del Cielo en todo el país y ello implicaba escalar el negocio rápido. La entrada de barras de café nacionales e importadas estaba creciendo a pasos agigantados, y eso obligaba a pensar en un modelo de negocio diferente. Fue así que su creatividad le hizo conceptualizar tres canales de distribución: venta en cafeterías de café preparado en cafeterías; venta de café a corporativos, restaurantes y hoteles; y venta de café molido o en grano, enlatado o en pods, preparado o natural, en tiendas de conveniencia y supermercados.

Las primeras cafeterías fueron propias, pero crecer de cafetería en cafetería requería una inversión fija enorme que Pablo no tenía, así que optó por franquiciar. De esa forma, había otros emprendedores que compartirían el riesgo y aportarían los recursos para crecer.

También hizo una lista de posibles clientes que pudieran estar interesados en ofrecer café de calidad. Tocó varias puertas, y de los primeros en convencerse del concepto fueron Liverpool y Grupo Posadas de México. El chef de Liverpool se convenció de que el sabor y la calidad del Café Punta del Cielo compensaban el precio extra que había que pagar, y no se equivocó.

Grupo Posadas decidió que era buena idea ofrecer el mismo café en todos sus hoteles, y fue así que Café Punta del Cielo le ofreció un servicio completo, que incluía no sólo el café, sino también el agua y las cafeteras. Para 2005, Café Punta del Cielo ya tenía presencia en las principales ciudades del país, con relativamente poca inversión.

Con ese rápido crecimiento, había que acelerar la producción para poder abastecer la ascendiente demanda. Se optó entonces por obtener una línea de crédito bancaria. Con esa inyección de recursos, se amplió la producción de café y se pudo empezar a colocarlo en tiendas de conveniencia y supermercados.

Administrar ese ampliación representaba todo un reto. Pablo sabía que requería de un equipo que lo apoyara en esa tarea, y no escatimó en contratar a los mejores. Al principio no fue fácil; hubo que ofrecer mucha capacitación, buenas remuneraciones y planes de carrera dentro de la empresa. Todo el equipo directivo tenía como prioridad que la gente estuviera contenta por trabajar en Café Punta del Cielo.

El acelerado desarrollo del negocio no distrajo las inquietudes innovadoras de Pablo. Este joven emprendedor tenía la visión de “posicionar al café de México como uno de los mejores del mundo” y eso implicaba probar el concepto también en el extranjero. Buscó, entonces, que buscó la internacionalización, y en 2008 se abrió la primera tienda en Madrid, España, que en poco tiempo alcanzó una buena reputación. Pero España es uno de los países con consumo de café per cápita más altos. Además, España y México son países hermanos, que comparten idioma, cultura y costumbres. Había que buscar desafíos más retadores. Se decidió así probar el concepto en un país donde no hubiera una larga tradición de consumo de café, y que culturalmente fuera muy diferente a México. En 2010 se abrió la primera tienda en Hong Kong.

La innovación seguirá siendo el pilar de Café Punta del Cielo. Hay mucho que inventar y mejorar. Actualmente ya se está trabajando en la segunda generación de cafeteras, más automatizadas, amigables para el usuario y que usen menos energía. No hay duda de que aún hay mucho por recorrer, pero, hasta ahora, Café Punta del Cielo ha mostrado que se puede contender con los más grandes competidores del mundo e innovar en una industria que aparentemente era madura. Hoy, millones de mexicanos (y cada vez más extranjeros) reconocen el valor de El Gran Café de México.

Referencias

  • Extracto del libro
    Gonzalez-Brambila, C; Arciniega Ruiz de Esparza, L; Ruiz Massieu, D. (2013)Un Camino a la innovación tecnológica en México: 15 casos de Éxito. Cengage Learning

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