Edición 50, Recursos Humanos

Cyberloafing: “Trabajando” detrás de la pantalla

Por: Luis Arciniega
Instituto Tecnológico Autónomo de México

El cyberloafing se refiere al uso que hacen los empleados del equipo de cómputo que les provee su empresa para fines personales, y no relacionados con los objetivos de sus puestos. Este comportamiento laboral inapropiado puede tener diferentes efectos negativos para las organizaciones.

El primero y más obvio es un decremento en la productividad, ya que el empleado puede pasar una buena parte de su jornada navegando por diferentes páginas web, enterándose de la actualidad de las vidas de sus amigos o conocidos en una red social, o divirtiéndose viendo videos en una plataforma como Youtube, en vez de estar realizando funciones propias de su cargo.

Este tipo de conductas se observan en colaboradores de todo tipo de organizaciones, en todos los niveles, y pueden llegar a casos extremos, como el reportado por la prensa estadounidense en el que se detectó que varios funcionarios de la SEC (Securities Exchange Commission), entre ellos un juez, veían y guardaban material pornográfico en su computadora “oficial”, en lugar de vigilar las transacciones de la bolsa de valores más importante del planeta. Por otra parte, al visitar diversos sitios web en el ciberespacio, el empleado, sin darse cuenta, puede bajar a la red de su compañía software nocivo (malware, virus, gusanos cibernéticos, etcétera), que pudiera causar serios daños a varios equipos de cómputo de la firma o, incluso, colapsar la red. En un estudio reciente, pagado por el gobierno británico y en el que participaron 500 empresas del Reino Unido, se encontró que el 73% de éstas habían sido víctimas de ataques cibernéticos, como consecuencia del cyberloafing practicado por sus colaboradores. El tercer conjunto de consecuencias negativas para las organizaciones, producto del cyberloafing, consiste en las posibles repercusiones legales. Los empleados, en el aparente anonimato, al usar una computadora “corporativa”, pueden enviar correos o expresar opiniones difamatorias, xenofóbicas, inmorales, etcétera, que pudieran ser motivo de una demanda legal dirigida a la empresa propietaria del equipo de cómputo, ya que lo único rastreable es la huella digital de la computadora (IP).

Si bien las consecuencias negativas del cyberloafing resultan preocupantes, sería indebido no señalar los posibles efectos positivos del mismo. Algunos estudios han revelado que permitir a los empleados contar con algunos minutos libres al día (30 a 45) para que hagan un “cyber-break“, en vez de tomar café o fumar un cigarro, mientras se quedan en su lugar usando su computadora para mandar correos a familiares o amigos, leer noticias, subir fotos y comentarios a la red social de su preferencia, usar la banca por internet, o ver videos cómicos, ayuda a mejorar la productividad y el bienestar psicológico del empleado en el trabajo.

Como consecuencia de todo lo anteriormente descrito, las empresas han incorporado una serie de medidas y políticas para controlar y regular el cyberloafing. Éstas van desde políticas explícitas que prohíben o limitan el uso del equipo de cómputo para fines personales, el empleo de candados informáticos que bloquean el acceso al internet o ciertas páginas, hasta, por ejemplo, la instalación de softwares especializados que rastrean las aplicaciones que usan los empleados y las páginas que visitan a lo largo de la jornada laboral.

Por su parte, los investigadores del mundo del management y las tecnologías de la información han tratado de identificar qué variables individuales, sociales o del entorno de trabajo del empleado favorecen que éste sea más propenso a utilizar en forma intensiva y para fines personales el equipo de cómputo que le da su empresa, no sólo cuando se encuentra en las instalaciones de la firma, sino también cuando realiza home-office.

Hoy se sabe que los empleados que guardan un resentimiento hacia su empresa, porque perciben injusticias en el trato que reciben de ésta o de su jefe inmediato, realizan cyberloafing como una reacción al maltrato. También se sabe que, cuando la jornada de trabajo es muy extensa e intensa, el empleado justifica ante sí mismo la práctica del cyberloafing, dadas esas condiciones.

También se ha demostrado que, aun cuando existen políticas explícitas que prohíben el cyberloafing, si las sanciones no se hacen efectivas y el empleado ve que otros compañeros de trabajo llevan a cabo este tipo de prácticas sin ser sancionados, ellos también las llevarán a cabo, como consecuencia de la justificación social: “si ellos lo hacen, yo por qué no”.

En cuanto a las variables que predicen el cyberloafing en relación con el individuo, se han realizado algunas investigaciones para identificar si alguno de los grandes rasgos de la personalidad impacta en este tipo de conductas. Dichos estudios revelan, sin haber un consenso contundente, que las personas meticulosas y con gran atención a los detalles suelen ser las menos capaces de cometer cyberloafing; por el contrario, los muy extrovertidos son más propensos a realizar este tipo de actividades poco productivas. También con respecto a las variables individuales se ha encontrado que los sujetos tienden a realizar reflexiones personales que los llevan a justificar ante sí mismos el hecho de cometer cyberloafing. Entre estos razonamientos destacan: a) pensar que las condiciones laborales los orillan a cometer este tipo de actividades; b) que el cyberloafing no causa un daño real a nadie o que, si así fuera, es insignificante; o bien, c) que son mayores los beneficios personales de usar el equipo de cómputo en su trabajo con fines propios que las posibles sanciones derivadas de hacerlo; o sea, que, por mucho, vale más la pena cometer una acción indebida que asumir las posibles consecuencias, las cuales se ven muy remotas.

Tras todo lo anteriormente descrito, pudiera pensarse que resulta complejo para una empresa definir un plan de acción concreto que pudiera reducir el cyberloafing que practican sus empleados, ya que algunas de las evidencias señaladas sugieren que “algunos remedios son más graves que la misma enfermedad”. Por ejemplo, el establecimiento de una política estricta de prohibición del uso del equipo de cómputo de la compañía para uso personal podría resultar en un fuerte resentimiento por parte del empleado quien, en lugar de reducir el cyberloafing lo incrementaría. Quizás lo mismo sucedería si los empleados se enteraran de que en el equipo de cómputo de la empresa hay programas instalados que detectan el uso inapropiado del mismo, ante lo cual surge la interrogante: ¿qué acciones se podrán seguir para realmente reducir el cyberloafing sin afectar el clima organizacional de la empresa? En México existe un caso muy exitoso, de una compañía en el sector de las tecnologías de la información, con sede en Guadalajara, que ha logrado controlar el cyberloafing y ha mantenido un clima organizacional muy favorable, lo que le ha permitido aparecer por varios años consecutivos en el listado de Great Places to Work (México)

La empresa tiene una política explícita, y conocida por sus todos sus empleados, de que el equipo de cómputo que cada uno tiene a su disposición no debe usarse para fines personales; sin embargo, no hay candados cibernéticos que bloqueen el acceso a internet o a ciertas aplicaciones. De igual forma, los empleados saben que en su computadora hay instalado un software que rastrea todas las aplicaciones que usan a lo largo del día, así como las páginas web que visitan. El software también registra el tiempo total que la máquina estuvo encendida sin ser utilizada, y cuantifica el tiempo real que se usó en cada aplicación, o en el que se visitó una página web, y rastrea así el uso efectivo del procesador. El jefe inmediato, junto con el área de recursos humanos y sistemas, hacen un parámetro del software, que establece qué aplicaciones y qué páginas web pueden y deben ser utilizadas por el empleado, de acuerdo con su puesto. Al final de la semana, o del mes, se genera un reporte que detalla el porcentaje del tiempo que la computadora se empleó para fines no laborales. El paquete no registra lo que el colaborador escribe o le escriben, y se respeta así su privacidad. El jefe inmediato tiene una reunión periódica con el empleado para revisar estos resultados y, en vez de que esta acción implique para él una reprimenda, se le da orientación para mejorar la productividad. Se le hace ver, por ejemplo, que cuando entra a Facebook pierde la noción del tiempo y puede pasarse más de una hora al día ahí, sin darse cuenta. Se le señala también que ello ocasiona que siempre salga más tarde que el resto de los ocupantes de puestos similares, porque a él “el tiempo no le da”. Del mismo modo, el software puede ayudar al empleando a darse cuenta de por qué no está llegando a sus objetivos de desempeño.

Las acciones y políticas implantadas por esta empresa de cara a la reducción del cyberloafing han ayudado, en gran medida, a que los empleados desarrollen una autodisciplina cuando trabajan detrás de la pantalla.

Referencias:

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