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Vence tus Lastres Emocionales para Aumentar tu Crecimiento Ejecutivo

Posted By Ceci On 11 de febrero, 2015 @ 7:07 In Edición 51,Recursos Humanos | No Comments

Por: Gloria Robles
Instituto Tecnológico Autónomo de México

En mi trato con ejecutivos mexicanos he encontrado que la mayoría siente un gran anhelo de seguir desarrollándose profesionalmente, para lo cual estudian una maestría o toman diplomados, ya que suponen que si adquieren una mejor preparación académica, les garantizará llegar a puestos de mayor envergadura.

Sí, los conocimientos y habilidades ayudan, pero no garantizan el desarrollo del ejecutivo, ya que este puede cargar lastres emocionales que frenan su crecimiento y le roban la paz interior.

En este artículo se pretende compartir con el lector los principales lastres emocionales que he identificado en los ejecutivos en mi experiencia profesional, tanto como profesora de la Maestría en Administración del ITAM, tanto como terapeuta, para que la persona tome conciencia de cuáles son los suyos y encuentre sugerencias para superarlos. En otras palabras, para que tire por la borda el sobrepeso que lo frena y quede ligero para seguir creciendo.

En el artículo se dan ejemplos reales de ejecutivos, aunque para guardar la confidencialidad, se han cambiado los nombres y cualquier dato que pudiera identificarlos. La palabra “ejecutivo” se usa indistintamente para referirse a hombres o mujeres, a menos que se indique lo contrario.

Lastres Emocionales en los Ejecutivos


  • Deficiente manejo del estrés
  • Ataques de pánico
  • Agotamiento
  • Desequilibrio entre el trabajo y la familia
  • Problemas con las figuras de autoridad

Deficiente Manejo del Estrés

Pasemos a analizar el caso de Juan. Es director de un área financiera de una gran corporación mexicana. Tiene 40 años y está casado. Hace menos de un mes sufrió un infarto y la empresa le otorgó un permiso de un mes para que se recuperara. Juan reconoce que la causa del infarto fue el nivel de estrés que sufre en su trabajo, ya que debe tomar decisiones arriesgadas. Sin embargo, le gusta lo que hace y quiere conservar su puesto, por lo que decide pedir apoyo psicológico para aprender a manejar la tensión.

¿Qué es el estrés? Para entenderlo mejor vamos a definirlo:

El estrés es una condición dinámica en la cual una persona se encuentra ante una oportunidad, limitación o exigencia relacionada con lo que desea y ante la cual el resultado se considera a la vez inseguro e importante. [Schuler, 1980, p. 189]

El estrés se puede definir como un síndrome de adaptación general, que se presenta en el ser humano en respuesta a situaciones difíciles o peligrosas, sean activadas por estímulos internos o externos. [Robles, 1995, p. 47]

Los principales factores que generan estrés son los siguientes: sobrecarga de trabajo y presión de tiempo, asignación de objetivos demasiado altos por parte de la empresa, jornadas excesivas de trabajo de más de 10 horas diarias, expectativas de crecimiento del ejecutivo exageradas que se quieren alcanzar demasiado pronto, entorno económico difícil en el que las empresas ejercen presión sobre los ejecutivos, como si solo de ellos dependiera el logro de los resultados, etc. Tal parece que a los ejecutivos y directivos les sobran razones para sentirse presionados.

El estrés no siempre es dañino, ya que en niveles medios sirve de estímulo a la persona. Cuando no se tienen retos y desafíos, se cae en una zona de confort en la que faltan incentivos; pero cuando las presiones son excesivas o se hacen crónicas, la persona se enferma o cae en un estado de agotamiento. Lo importante es aprender a manejar el estrés para que se mantenga en un nivel óptimo. Tal parece que Juan ignoró las señales que le envió su organismo para indicarle que la presión que estaba viviendo era exagerada. Estas señales pueden ser dolores de cabeza, tensión en el cuello y los hombros, apretar las mandíbulas, presión arterial elevada, sentirse tenso, ansiedad, insomnio, comer o fumar compulsivamente, etc. Si no se atienden los síntomas del estrés y se hacen crónicos, pueden aparecen enfermedades psicosomáticas, como úlceras, colitis, migraña, obstrucción de las arterias por concentraciones elevadas de colesterol o triglicéridos o, lo que es más grave, un infarto.

Así, o le bajamos a los estímulos que nos tensionan —por ejemplo, trabajar un número menor de horas— o aprendemos y practicamos técnicas para desahogar el estrés. Si la persona es activa, se recomienda que alivie la tensión con ejercicio o un deporte; si es más bien tranquila, le funcionaría mejor practicar ejercicios de relajación o meditar.

Otra forma de compensar la tensión es contar con un grupo de apoyo. Los momentos difíciles de la vida se sobrellevan mejor cuando tenemos a nuestro lado personas que nos comprenden y aceptan. Para Ibarra y Hunter (2007), un ejecutivo debe tener tres grupos de apoyo: operacional, personal y estratégico. En el grupo operacional están las relaciones necesarias con colegas y compañeros para que el trabajo se realice eficientemente; en el grupo personal se encuentran los lazos que apoyan el desarrollo personal y profesional del ejecutivo (por ejemplo, un coach), y por último, en el grupo estratégico están los contactos con personas que tengan el poder de influir en el avance de la carrera profesional, como superiores jerárquicos o directivos de la organización.

Hay otras técnicas para manejar el estrés, como masajes, descansos y vacaciones, pasatiempos, etc. Lo importante es evaluar el nivel de tensión que podemos soportar sin enfermarnos y aprender a desahogarlo mediante técnicas de compensación, para que no se acumule ni se haga crónico.

Ataques de Pánico

Si el estrés es cotidiano entre los ejecutivos, ahora los ataques de pánico se están haciendo cada vez más frecuentes. Esto sucede cuando las presiones y las preocupaciones sobrepasan el límite de resistencia de la persona. Veamos lo que le pasó a Carlos.

Carlos es un ingeniero de 38 años que se dedica a la construcción y venta de vivienda popular. Después de tener una carrera muy exitosa en lo profesional y en lo económico, empieza a sentir un miedo incontrolable a salir solo de su casa. Le dan taquicardias y, en esos momentos, suda y siente que se va a morir. La idea de la muerte le produce un pánico que lo inmoviliza. Ahora se siente incapaz de hacer el trabajo que antes realizaba con confianza y seguridad.

Los ataques de pánico se presentan ante niveles elevados de ansiedad, cuando las tensiones le ganan la carrera al manejo y control emocional del ejecutivo. Cuando la persona sufre ansiedad, siente un desasosiego interior, opresión en el pecho, le cuesta trabajo respirar, está nerviosa, acelerada y teme que algo malo le pueda suceder… ha perdido la paz interior.

A pesar de que los síntomas de la ansiedad y los ataques de pánico se viven como algo terrible y doloroso, si se tratan adecuadamente se resuelven en unos meses. Cuando la ansiedad es baja o media basta con recibir psicoterapia. Cuando es tan fuerte que provoca ataques de pánico, se requiere un tratamiento mixto, con medicamentos recetados por un especialista, generalmente un psiquiatra, y sesiones de psicoterapia. Hay que tener cuidado con los médicos generales que recetan ansiolíticos, ya que no son expertos en el manejo de medicamentos para el sistema nervioso.

Agotamiento

Laura es una alta ejecutiva en el área de mercadotecnia de una empresa transnacional. Tiene 35 años, es soltera y vive sola. Tiene la meta de ocupar una dirección en su organización, por lo que está dispuesta a trabajar 12 o 14 horas diarias, llevarse trabajo a su casa los fines de semana, viajar por motivos de trabajo y aceptar todos los proyectos que le ofrece su jefe. Después de varios meses con ese ritmo de trabajo, Laura se siente agotada. A pesar de descansar un fin de semana, llega igual de cansada el lunes siguiente. Empieza a sentir rechazo a ir a trabajar, se aleja de sus clientes pues los culpa de su agotamiento, deja de ver a sus amigos y convive poco con su familia. El exceso de trabajo y la falta de descanso la agotaron. Ella, que estaba llena de energía y entusiasmo, ahora se siente cansada todo el tiempo, se le dificulta concentrarse, realizar trabajo intelectual y tomar decisiones. Llega un momento que está tan agotada que se vuelve ineficiente y necesita un reposo forzado. Laura sufre el síndrome de agotamiento o burnout.

Al elegir Freudenberger la palabra burnout para describir lo que le pasa a ciertos profesionistas, lo hizo pensando en lo que queda después de un incendio:

Si alguna vez ha visto un edificio quemado, sabe que es una imagen devastadora. Lo que era una estructura vital, ahora es desolación; donde había actividad, ahora solo hay rastros de energía y vida [...] En mi práctica psicoanalítica, me he dado cuenta de que la gente, como los edificios, algunas veces se quema. [Freudenberger, 1980, p. XV]

En México, según la investigación realizada por Robles (1995), dos factores se relacionan con el síndrome de agotamiento: 1) estrés laboral crónico originado por sobrecarga de trabajo y presión de tiempo, contacto difícil con clientes y falta de apoyo de jefes y compañeros; y 2) insatisfacción laboral crónica debida a la falta de reconocimiento y de logros, poca variedad en el trabajo y pobre desarrollo profesional.

El agotamiento no llega de golpe, sino que es resultado de meses de trabajo exhaustivo, con poco descanso y nulo ejercicio. El ejecutivo puede darse cuenta de que se encuentra en vías de agotamiento si presenta los siguientes síntomas: cansancio crónico, irritabilidad, funciones cognitivas disminuidas —como la concentración, la atención, el análisis de problemas, etcétera—, actitudes negativas hacia el trabajo y hacia los clientes.

Si Laura hubiera cobrado conciencia de que estaba agotándose, hubiera podido revertir el proceso a tiempo, ya que cuando se encuentra en su fase inicial, se puede superar con descanso, buena alimentación y vacaciones; es decir, a través de un proceso de revitalización.

Para evitar llegar al agotamiento, Schwartz y Mc Carthy (2007) proponen la estrategia de manejar la energía y no el tiempo, que es un recurso limitado y no renovable. Para que el ejecutivo conserve su energía, aportan las siguientes sugerencias: dormir las horas necesarias para descansar acostándose más temprano, reducir el estrés haciendo ejercicio cardiovascular, comer un bocadillo ligero cada tres horas, tomar pequeños descansos fuera del escritorio cada 90 o 120 minutos. Para conservar la energía mental sugieren reducir las interrupciones cuando se lleven a cabo tareas que requieren mucha concentración, usar una contestadora telefónica y definir un horario para revisar y contestar correos electrónicos. Como vemos, la solución está en equilibrar el trabajo con el descanso.

Cuando el ejecutivo ya está agotado, la solución es el descanso total, con un alejamiento completo del trabajo y de las preocupaciones, una dieta saludable y tomar complejos de vitamina B, todo esto supervisado por un médico.

En mi experiencia como terapeuta de ejecutivos agotados, he encontrado que algunas características personales vuelven a un individuo proclive a agotarse: no saber decir no al trabajo excesivo que le asigna su jefe, por miedo a que frene su desarrollo; tener expectativas de crecimiento tan altas que se impone cargas exageradas de trabajo, o, por último, no delegar, debido a que piensa que sólo él puede garantizar la calidad del trabajo.

Llegar a un estado de agotamiento tiene consecuencias dolorosas para el ejecutivo, ya que deteriora su desempeño, sufre por no poder reaccionar como antes y ve alargarse el período de recuperación, por lo menos a un mes.

Desequilibrio entre el Trabajo y la Familia

Hay tres causas principales para dejarse absorber totalmente por el trabajo y descuidar a la familia. Algunos ejecutivos, como Laura, sienten un impulso tan fuerte de avance profesional, que están dispuestos a dedicar la mayoría de su tiempo al trabajo. Otros son adictos al trabajo y sienten la necesidad de laborar sin descanso, ya que piensan que valen por lo que hacen y no por lo que son. Sin embargo, a la mayor parte de ellos los mueve la intención de brindarle a su familia un buen nivel de vida (por lo menos igual o mejor al que ellos tuvieron), para lo cual se exceden buscando ingresos elevados, como en el caso de Agustín, que se presenta a continuación.

Agustín es un ejecutivo de 36 años, casado y con tres hijos, que se sentía presionado por alcanzar las cuotas de ventas que le fijaba el director de Mercadotecnia, ya que como cualquier vendedor, su sueldo se reducía a la mitad si no recibía los incentivos por metas alcanzadas. Necesitaba todos los ingresos, sueldo más comisiones, para sufragar los gastos familiares. Agustín debía visitar clientes en diferentes ciudades, lo que implicaba que hiciera uno o dos viajes a la semana. Su esposa se molestaba porque le dejaba la carga de los niños y de la casa y porque nunca estaba con ella. Por su parte, Agustín estaba muy cansado y al borde del agotamiento.

A pesar de que pareciera justificarse que Agustín descuidara a su familia, en realidad desequilibró a tal grado su vida, que queriendo darles lo mejor, paradójicamente empezó a perjudicar a sus hijos, su esposa y a su salud.

El desequilibrio entre la vida familiar y la laboral es muy común en los ejecutivos mexicanos, tanto hombres como mujeres. Cuando mis alumnos de la Maestría en Administración hacen su plan de vida y carrera, la mayoría, por no decir que todos, reconocen que descuidan a su familia por causa del trabajo. Al buscar soluciones para esta situación que les preocupa, se han propuesto lo siguiente: pasar con la familia tiempo de calidad y no de cantidad; comprometer tiempos fijos para convivir con ella, con horas y días para pasar con los niños y tener una cena con la esposa al menos una vez al mes; los fines de semana, realizar actividades de convivencia familiar, como practicar juntos un deporte, salir de día de campo o hacer viajes cortos, y salir de vacaciones familiares por lo menos una vez al año.

Por su parte, Groysberg y Abrahams (2014) proponen elegir deliberadamente qué oportunidades van a aceptar y cuáles no, tanto en la vida familiar como en el trabajo, en vez de solo reaccionar ante las emergencias. Al entrevistar a ejecutivos de ambos sexos, estos autores concluyeron que la tensión entre el trabajo y la familia es un problema más grave en las mujeres, por lo que es esencial que ellas cuenten con la colaboración de la pareja, así como con redes de apoyo tanto en la familia como en el ámbito laboral.

Se podría pensar que las solteras no tienen estos problemas de equilibrio; sin embargo, algunas, por querer ocupar puestos directivos, se concentran tanto en su carrera, que descuidan su vida personal. No se dan la oportunidad de cultivar una relación de pareja que les permita formar una familia, cuando esto también es importante para ellas. Es común que ejecutivas exitosas de 33 o más años, lleguen a psicoterapia desesperadas porque no encuentran una pareja y quieren tener hijos.

La mayoría de las personas tienden a ignorar el desequilibrio entre la familia y el trabajo hasta que aparece una crisis, como un ataque al corazón, un hijo adolescente que se droga o la amenaza de un divorcio. No se dan cuenta de que dedicar tiempo a su familia les daría una red de apoyo para desahogar el estrés y evitar el agotamiento.

Problemas con las Figuras de Autoridad

Otro lastre que limita el desempeño de los ejecutivos es la falta de habilidad para establecer una relación armoniosa, de respeto y colaboración con los jefes inmediatos. Esto se debe a dos causas: rebeldía o sumisión. Los ejecutivos rebeldes sienten que sus jefes abusan de su autoridad, por lo que la resisten. Los sumisos permiten que los jefes abusen de ellos, sin atreverse a enfrentar el maltrato o la injusticia. Analicemos el ejemplo de Santiago, que pertenecía al primer grupo.

Santiago es un ejecutivo de 32 años, soltero, que trabaja en uno de los bancos más grandes de México. Ingresó a la institución al terminar su carrera de administración. Durante varios años ha trabajado con el mismo jefe, quien lo considera un buen elemento, ya que está bien preparado y se siente comprometido con su trabajo, con el banco y es profesional. Debido a su desempeño, Santiago recibe una propuesta para ocupar otro puesto en otra ciudad del país. Platica con su jefe sobre el asunto y este le dice que él cree que está bien donde está y que ahí debería quedarse. Santiago se enoja porque piensa que su jefe lo está bloqueando y limita su desarrollo, por lo que decide saltárselo y hablar con el director del área para que autorice su traslado. Después de dos años de ocupar el nuevo puesto en la otra ciudad, se da cuenta de que su jefe tenía razón, que había mejores posibilidades de desarrollo en la ciudad de México, además del costo emocional de vivir lejos de su familia y sus amigos. Pide su reincorporación a la sección del jefe con el que se enojó y, sorpresivamente, lo acepta sin resentimientos ni enojos.

Al analizar en terapia su conducta, Santiago se da cuenta de que llevado por su rebeldía, tomó una decisión equivocada. Además, reconoce que no es la primera vez que lo hace, ya que ha tenido problemas con otras figuras de autoridad, empezando con su padre, maestros y otros jefes.

Cuando un ejecutivo ha tenido dificultades con varios jefes, es probable que la causa del problema sea él. Ante su rebeldía para aceptar la autoridad, puede hacer dos cosas: o pone su propio negocio para no tener a nadie que lo mande o busca los orígenes de su rebeldía y les da una solución. Si los orígenes se remontan a la infancia, lo más recomendable sería tomar una psicoterapia.

Por otro lado, el empleado sumiso acepta responsabilidades más allá de sus posibilidades. El jefe se va a la hora de salida, pero espera que el subordinado se quede en la oficina hasta las 10 u 11 de la noche y si no ha terminado el trabajo, que se lo lleve el fin de semana, “porque el lunes hay que presentarlo en una junta”.

Sería conveniente que el subordinado sumiso se preguntara por qué permite el abuso del jefe, que se llene de valor para enfrentarlo, que aprenda a poner límites, a exigir respeto y a decir no; si no es capaz de hacerlo solo, acudir a una psicoterapia.

Soluciones y Recomendaciones Generales

A continuación se presentan recomendaciones generales para vencer los lastres emocionales, para deshacerse del sobrepeso y quedar ligero para seguir creciendo en armonía y equilibrio:

  • Superar los lastres y crear nuevos hábitos, para lo cual hay que dar los siguientes pasos:
  • Cobrar conciencia de los lastres emocionales que se tienen. Mejorar el autoconocimiento con evaluaciones, autoanálisis, retroalimentación, etcétera.
  • Trazar un plan de acción para superar los lastres.
  • Practicar las acciones que se hayan planeado, hasta que reemplacen a los viejos hábitos.

 

  • Aprender a manejar el estrés.

 

 

  • Construir y cultivar redes de apoyo, tanto en el ámbito profesional como en el personal.
    Buscar el apoyo de un coach o un mentor.

 

 

  • Para ejecutivas solteras que quieran tener una familia, darse tiempo para cultivar relaciones y tratar candidatos.

 

 

  • Desarrollar la inteligencia emocional para aprender a manejar las emociones negativas como el miedo y la tensión y fortalecerse ante las demandas que ejercen las instituciones sobre los ejecutivos.

 

 

  • Procurar llevar una vida integral sana, cuidando el cuerpo, la mente, las emociones, la vida social y la dimensión espiritual.

 

 

  • Elaborar un plan de carrera y vida para definir los objetivos personales y profesionales. Decidir el precio que está dispuesto a pagar para alcanzarlos, sin dejarse arrastrar por las presiones laborales o sociales.

 

 

  • Por último, si el origen de los lastres son heridas emocionales viejas, sanarlas en una psicoterapia.

 

Bibliografía

  • Berglas S. (2006). How to Keep A Players Productive. Harvard Business Review. September.
    Freudenberger H.J. (1980). Burn Out .How to Beat the High Cost of Success. Nueva York: Bantam Books.
  • Groysberg B. and Abrahams R. (2014). Manage Your Work, Manage Your Life. Harvard Business Review. March.
  • Ibarra H. and Hunter M. (2007). How Leaders Create and Use Networks. Harvard Business Review. January.
  • Maslach C. (1982). Burn Out: The Cost of Caring. Upper Saddle River: Prentice Hall.
  • Robles G. (1995). Identificación de Factores Asociados al Síndrome de Agotamiento en Maestros de Universidades Privadas Mexicanas.Tesis doctoral. Universidad Iberoamericana. México.
  • Schuler S. (1980). Definition and Conceptualization of Stress in Organizations. Organizational Behavior and Human Performance. April.
  • Schwartz T. and McCarthy C. (2007). Manage Your Energy, Not Your Time. Harvard Business Review. October.

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